¿Cuál es la finalidad de la formación?

Para encontrar la forma de conseguir llegar al final de un camino con eficacia hay que definir el objetivo, por lo que debemos empezar ese camino pensando en el final.

Ya sabemos que es la formación, pero la formación implica aspectos que a veces no tenemos tan en cuenta: reencontrarse, reinventarse, sacarse “partido” para sacar “partido” al sistema al mismo tiempo que éste controla la “jugada” y todos disfrutamos del juego. Esa sería la finalidad idílica de la formación, ¿no?, pero como con el amor y el odio, hay una fina línea que separa lo idílico de lo tedioso.

Con la mente siempre fija en esa finalidad es como podemos entender y apoyar el cambio que las instituciones educativas están sufriendo. La necesidades formativas están cambiando y los modelos de aprendizaje y de enseñanza también… o eso se esperaría. Las oportunidades y facilidades formativas de este mundo globalizado de nuevas tecnologías de la información y comunicación están acelerando ese cambio.

Sin embargo, es gracias a esa acelerada revolución tecnológica que hemos despertado de un largo letargo pedagógico del que algunos aún no quieren despertar.

No debemos aceptar modelos “prehistóricos”. Sería como hacer sufrir a pobres bueyes el arrastre de una carga pesada una vez inventada la rueda, sólo por conseguir mover una carga de un lado a otro. Ahora los pobres son el alumnado, que para conseguir formarse han de usar métodos obsoletos, en contextos obsoletos y difíciles de acceder económicamente. A esto se le suma la desmotivación que genera un aprendizaje insignificante y dificultoso al que se aventuran sólo por conseguir un título que fomente su vida laboral, por lo que más nos alejamos de la finalidad idílica de la formación. Se convierte así en un deber tedioso con un fin productivo, en vez de un satisfacción que nunca concluye y que aumenta las posibilidades de ser productivo.

La formación universitaria se ha convertido en un trámite burocrático de compra venta de títulos. Rellenando papeles (exámenes) con contenido, no importa si esta interiorizado o no, aspecto que con la tecnología de información de hoy día hace permanecer a las universidades en un sistema arcaico lleno de incoherencia.

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Personalmente creo que las opciones que nos dan las nuevas tecnologías para la formación superior son muy positivas, como la accesibilidad y la personalización, sin embargo hay aspectos con los que debemos tener cuidado.

Con la teleformación hay un cambio cualitativo en cuanto a posibilidades de trabajo colaborativo, pero trabajar, comunicarse, compartir ideas e información a través de las tecnologías puede resultar un tanto frío y distante y podría llevarnos a fomentar aún más la individualización que este sistema no inculca. Es por ello que sólo entiendo ese trabajo colaborativo “a distancia” en la formación superior, puesto que intentarlo en etapas educativas más tempranas provocaría una merma de la educación social del individuo, ya que ésta ha de ser necesariamente “presencial” y vivencial. Si se llevara a cabo esta teleformación antes de conseguir las competencias sociales necesarias, el individualismo acabaría con las posibilidades del trabajo colaborativo. Pero adquiridas estas competencias, con la teleformación se pueden conseguir otras nuevas que no se darían si no es en este contexto y el trabajo en equipo amplia nuevas dimensiones que saltan la barrera de lo físico: la distancia, accesibilidad para reunirse, horarios…

Otra de las implicaciones de este estilo formativo se define por la accesibilidad. Es cierto que hoy en día la accesibilidad a las nuevas tecnologías es posible para casi todo el mundo (hablamos siempre de países desarrollados). Sin embargo, no es para todos por igual. Junto a los bajos costes de la formación a través de las nuevas tecnologías, encontramos los altos costes de los dispositivos y del acceso a internet por parte de las grandes empresas de telecomunicación. En el caso de la formación superior reglada las facilidades que las universidades ponen al servicio del alumnado no son suficientes y pueden generar diferencias entre el alumnado por las dificultades de acceso al tener dependencia del centro para poder realizar las mismas labores que otros pueden realizar en la casa, la calle o en una terraza tomándose un café.

El mundo tecnológico en el que vivimos nos ofrece muchas posibilidades y nos impone una realidad que no podemos negar. Se nos acabó la cuenta atrás, nuestros alumnos YA están listos y preparados. ¿Empezamos?

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One response to “¿Cuál es la finalidad de la formación?”

  1. azumarina says :

    Muy bien…estamos superando el proceso formativo.

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